Chefs
Andrés Gaspar y Jordi Limón son los chefs de cocina del restaurante Somorrostro.
El restaurante pertenece a l'Associació Barcelona Cuina, fundación cuyo objetivo es ensalzar el nivel culinario de la Barceloneta, y que fomenta el pescado fresco de la Lonja de Barcelona y de su gamba.

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Jordi Limón
Chef
“Ja des de petit la cuina em va enamorar. L’hostaleria era el meudestí: ja amb 5 anys em quedava amb l’àvia a la cuina fent croquetes i canalons, i amb 12 cuinava sol”, diu en Jordi Limón, de 25 anys, cap de cuina i soci minoritari del Restaurant Somorrostro.
En Jordi va estudiar TSR (tècnic superior en restauració) al CETT (2003-2005) i ha realitzat diversos cursos de cuina i pastisseria. Ha treballat al DOM, “primer fent-hi pràctiques i durant dos anys portant les partides de carns i peixos. Després vaig treballar al NOTI uns 8 mesos, i fa 4 anys que sóc al Somorrostro: primer feia de cuiner, després em van ascendir acap de cuina i més tard em van oferir la possibilitat d’associar-m’hi.” -
Andrés Gaspar
Director de orquesta
Hay vidas intensas y vidas sosas, vidas programadas al milímetro, y otras que son como ríos con meandros, cascadas y represas. La de Andrés Gaspar. Barcelona, 1968. Ha dado giros increíbles sin llevarlo a perder el norte. “A los 18 años, un vecino me dijo que iría a la escuela de hostelería de Barcelona. Yo, que no había decidido que hacer me presenté con él a los exámenes de ingreso, sólo para ver, y aprobé mientras mi amigo quedó fuera, ahora él es un feliz arquitecto”. Un golpe de azar que ha llevado a este joven cocinero a lugares insospechados e increíbles. Primero, como jefe de compras del pabellón de Catalunya en la Expo de Sevilla “donde pude conocer a los más grandes de la cocina y que fue una experiencia memorable”. Al poco tiempo y en su búsqueda, se marchó a Inglaterra, Dinamarca, y Hamburgo, en las que trabajó en buenos restaurantes.
Probó las mieles del reconocimiento pues “en el norte de Europa los cocineros teníamos un estatus especial, salarios buenos y condiciones laborales excelentes. Al volver a Barcelona me encontré un panorama muy diferente y no pude con ello” Con su buena disposición al cambio, se marchó a Mallorca para buscar destino y lo encontró de la mano del Jet Set, pues comenzó a trabajar en los yates de personajes ilustres “conocí a Claudia Shiffer, a condes y duquesas, a gente famosa y terminé trabajando en un yate de 70 metros para un empresario ruso que viajaba mucho” “Me he movido por los antros y chiringuitos de todas partes del mundo, reconociendo y probando ingredientes exóticos como insectos, gusanos, cocodrilo, especias, hierbas y frutas exóticas, con los que sorprendía a mi jefe cada día”. Aprendió mucho de su curiosidad y la experimentación. Estando en Tailandia un grave accidente lo devolvió a Mallorca tras varias operaciones. “Dije adiós a los barcos y a la vida itinerante”. “Ya no quería tanto vértigo, soy un tío muy acelerado, así que necesito un poco de calma alrededor… y la busqué en la Barceloneta, cerca del mar, y monté mi restaurante que es como mi hogar, y en el que quiero que todos se sientan en su casa” y bien que lo consigue, en Somorrostro, a plasmado su espíritu aventurero pero sesudo, y la humildad y el equilibrio de quien ha vivido y valorado la riqueza de la diferencia (cultural y gastronómica). Andrés no se mueve por dinero, sino por el gusto de hacer bien lo que sabe y compartir su bienestar. “No soy empresario, soy cocinero y me gusta mucho lo que hago” Sin duda que se nota.
Extraído de Comer con Lila.





